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15. El gato con botas. LEOcuentos.es (José David Pérez)

15. El gato con botas

15. El gato con botas

15. El gato con botas
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Érase una vez un viejo molinero que tras fallecer dejó a sus tres hijos algunas de sus propiedades. El tercero de los hijos, el más pequeño, llamado Arturo, no tuvo suerte en el reparto, pues le tocó una vieja cabaña y un simpático gato. 

Sus hermanos se apresuraron en alejarse de esas tierras, así que solo y triste, el pobre Arturo era alentado por el minino: 

–Haré de ti un príncipe –le prometía el gatito.

–¿Y cómo lo harás? –preguntaba Arturo riendo.

–Dame tus botas y deja el resto de mi parte. 

Sin perder ni un solo segundo, el gato se puso las botas y se dirigió al bosque donde capturó las especies más sabrosas al paladar humano. Luego se dirigió al castillo del rey y solicitó audiencia:

–¿Quién viene? –preguntó uno de los hombres del rey.

–¡El honorable gato con botas, y me envía mi señor, el Marqués de Carabás!

El rey, ante tan pomposo título, no dudó en recibir a aquel extraño visitante. 

El gato saludó con un discurso florido que agradó al rey y disfrutó la reina, y más aún cuando les ofreció las sabrosas especies:

–Es un pequeño obsequio de quien soy servidor, el joven Marqués de Carabás.

El rey estaba tan agradecido con el gato con botas que los invitó, a él y a su amo, al paseo que iba a realizar con su hija, la bella princesa. 

El gato corrió para contarle a su amo la buena noticia pero Arturo le dijo: 

–Lo siento pero no tengo ropa decente para presentarme ante el rey. 

–No te preocupes –le dijo el animal. 

Arturo y su sagaz gato tomaron el camino por donde iba a pasar la comitiva del rey. El animal ordenó a su amo que se lanzara a la gran laguna. Arturo intentó negarse pero al ver que se acercaba el carruaje del rey, sin pensárselo dos veces, se lanzó. 

El gato se adelantó al carruaje, anunciando que habían sido víctimas de un asalto.

–Que venga el marqués –le dijo el rey– que nosotros lo atenderemos. 

Satisfecho, el gato corrió al lujoso castillo del temible ogro, dispuesto a ultimar sus fabulosos planes. 

Mientras los reyes y la princesa atendían a Arturo, el gato con botas dialogaba con el ogro, que era conocido por sus dotes de magia.

–¿A que no puedes transformarte en un león? –le provocaba el gato.

Así lo estuvo probando con varias transformaciones, hasta que le dijo:

–¿Y puedes ser un ratoncito?

El ogro sonrió y se convirtió en un pequeño roedor. En ese instante, el gato aprovechó para comérselo. 

De esta forma, el gato quedó amo y señor del imponente castillo del ogro. 

Corrió donde estaba Arturo y le dijo al rey:

–En nombre del Marqués de Carabás, les invito a pasar a su castillo, donde él pedirá formalmente la mano de su hija. 

Los reyes se sintió halagados y la princesa suspiró enamorada. 

Arturo y la princesa se casaron, fueron felices y comieron perdices.

Y el gato cumplió su promesa de convertir a su dueño en un príncipe.


Y colorín colorado, este cuento se ha podcastizado.

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