24. La lechera

24. La lechera
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24. La lechera
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En una granja pequeña, junto a un camino de piedras, vivía una niña muy alegre que se llamaba Marta. Todos la conocían como la lechera.

Cada mañana, Marta se levantaba muy temprano y ordeñaba a su vaca Pinta.

  • Muuu, muuu – decía la vaca contenta.
  • Gracias, Pinta – respondía Marta-. Hoy me has dado una leche muy blanca y muy rica.

Marta llenaba con cuidado un cántaro grande. Después se lo ponía sobre la cabeza, bien derechito, y se ponía en camino.

Aquel día iba al mercado del pueblo para vender la leche.

  • Paso a pasito, paso a pasito – cantaba Marta-. Que no se caiga el cántaro, que no se caiga la leche.

El sol brillaba, los pájaros cantaban y el camino era largo. Entonces, Marta empezó a soñar despierta.

  • Cuando venda la leche, tendré unas monedas – pensó-. Y con esas monedas compraré una cesta de huevos.

Marta sonrió y siguió caminando.

  • Paso a pasito, paso a pasito.

Siguió soñando.

  • De los huevos saldrán pollitos amarillos. ¡Pío, pío, pío! Los cuidaré mucho y crecerán sanos y fuertes.

Un conejito la saludó desde un arbusto, pero Marta no lo vio. Iba muy ocupada con sus pensamientos.

  • Los pollitos se convertirán en gallinas – siguió pensando-. ¡Cocorocó, cocorocó! Pondrán muchos huevos y los venderé en el mercado.

El cántaro se movía un poquito de un lado a otro.

  • Paso a pasito, paso a pasito – susurró Marta.

Y soñó todavía más.

  • Con el dinero de los huevos compraré un corderito blanco, suave y rizado. ¡Beee, beee! Jugará conmigo en el prado.

Una mariposa pasó volando muy cerca de su nariz, pero Marta tampoco la vio.

  • Cuando el corderito sea grande, lo cambiaré por un vestido precioso – pensó-. Un vestido amarillo, con volantes y lazos.

Marta se imaginó con su vestido nuevo, bailando en la fiesta del pueblo.

  • Todos me dirán: ¡Qué guapa estás, Marta!

Y entonces, Marta quiso hacer como en su sueño. Levantó la cabeza con mucho orgullo, la movió de un lado a otro y dijo muy contenta:

  • ¡Sí, sí, sí! ¡Seré la más guapa de la fiesta!

Pero el cántaro, que iba sobre su cabeza, se movió demasiado. Se tambaleó a un lado, se tambaleó al otro…

  • ¡Ay, ay, ay! – gritó Marta.

¡Cras! El cántaro cayó al suelo y se rompió en mil pedacitos. La leche se derramó por el camino, blanca y brillante, y se perdió entre las piedras.

Marta se quedó muy quieta, mirando el suelo.

  • ¡Oh, no! – dijo con un hilito de voz-. Se ha roto el cántaro. Ya no tengo leche, ni monedas, ni huevos, ni pollitos, ni gallinas, ni corderito, ni vestido amarillo.

Una lagrimita le resbaló por la mejilla. Entonces, el conejito saltó fuera del arbusto y se acercó a ella.

  • Tranquila, Marta – parecía decirle con sus ojos brillantes-. Mañana la vaca Pinta volverá a darte leche.

Marta lo miró y se secó la lágrima. Poco a poco, sonrió.

  • Tienes razón, conejito – dijo-. Mañana habrá leche nueva. Y esta vez no voy a soñar tan lejos. Iré paso a pasito, mirando el camino.

Y así lo hizo. Al día siguiente, Marta llenó otro cántaro, se lo puso sobre la cabeza, bien derechito, y llegó al mercado sin que se le cayera ni una gota.

Vendió toda la leche y se compró una cesta de huevos, que fue lo primero de su sueño. Y poco a poco, paso a pasito, fue consiguiendo todo lo demás.

Y colorín colorado, este cuento se ha podcastizado.

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